
Siempre he asumido, al igual que todos a mi alrededor, mi bipolaridad como una constante en mi vida. Mis estados eufóricos que se contraponen a mis depresiones, mis carcajadas que son sólo opacadas por la intensidad de mi llanto. Es mi forma de vivir.
Por eso en una época en mi vida, el teatro tuvo un lugar tan preponderante, casi casi que era mi vocación. Fue mia, la tuve y la dejé ir...
Ese no es tema para tratar aquí.
Yo tenía un punto...¡ah, si! La comedia.
En mis múltiples incursiones en el teatro estudiantil me topé siempre con una constante: la gente quería actuar drama, tragedía, tocar fibras sensibles , cambiar al mundo, conmover, hacer llorar. Yo no. Lo mio, lo mio, lo mio ha sido siempre la comedia.
Hacer reir no es fácil y quien diga que sí miente con todos los dientes. Yo siempre he admirado la gracia y el carisma de aquellos que logran entender a tal grado a su audiencia que son capaces de hacerlos reir con una mirada, con un gesto, con la repetición de una palabra/situación en cierto tono.
No cualquiera lo logra. Porque al final hacer reir requiere una empatía particular. Hacer llorar, hacer enojar a una persona apela a un recuerdo racional de sus experiencias pasadas. Sí, me fueron infiel, veo una situación de infidelidad en el teatro luego, revivo la sensación, luego, me enojo.
La risa, sin embargo es algo que va más allá del raciocinio. Nos conecta con esas sensaciones perdidas de una infancia muy lejana en que la desnudez y la libertad eran la constante y no la excepción. Una infancia en que se podía decir la verdad sin velo. La comedia pues, es correr la cortina de nuestras muy estructuradas mentecitas y dejar al descubierto aquello que en realidad deseamos.
Falleció Beto el Boticario. Y a mí me dolió en mi corazoncito de pollito deshuesado. Tengo muy bonitos recuerdos de infancia, de sábados viendo la Carabina de Ambrosio con mis papás, acostados todos en su cama. Las cosas eran definitivamente distintas. Y recuerdo reir y reir y reir con el mago de magazos. Sus trucos, su show cómico-mágico-musical, su afán por interrumpir siempre al cantante, su sincera indiferencia.
La comedia perdió un gran exponente. Pero honremos su trabajo y recordémoslo con risas. Aquí un video para ayudar (además esa canción me gusta, he de confesar):
